El día 2 de febrero, la Organización de las Naciones Unidas estableció el Día Mundial de los Humedales por la necesidad de concienciar sobre la importancia de la conservación de estos ecosistemas. Y es que, los humedales, son uno de los ecosistemas más amenazados a nivel global actualmente.
Según los datos del Inventario Español de Zonas Húmedas (IEZH) tan solo el 49,6% de los humedales se encuentran bien conservados o conservados, el otro 49,6% se encuentran alterados o muy alterados y el 0,8% restante han desaparecido.
Además, en la Península contamos con una gran variedad de ecosistemas húmedos distintos. De hecho, España es el país con mayor diversidad de zonas húmedas de la Unión Europea. De estos datos se desprende la importancia que tiene en nuestro país la conservación de dichos ecosistemas.
En la Comunidad Autónoma de Madrid, la Ley 7/1990, de 28 de junio, de Protección de Embalses y Zonas Húmedas define los humedales como “las zonas pantanosas o encharcadizas y, en particular, las turberas o aguas rasas, ya sean permanentes o temporales, estén integradas por aguas remansadas o corrientes y ya se trate de aguas dulces o salobres, naturales o artificiales, así como los márgenes de dichas aguas.”
Si habéis tenido la oportunidad de conocer el humedal de La Chanta, podréis ver que algunas de estas características lo definen muy bien (aguas rasas, temporales, de origen artificial, etc.).
Importancia de los humedales
Estos ecosistemas son de gran importancia para la conservación de multitud de especies, y su pérdida o el empeoramiento de su estado de conservación ha hecho que, desde 1970, las especies ligadas a ellos hayan descendido a un ritmo mayor que las especies que dependen de otros ecosistemas.
El cambio climático es una de las mayores amenazas a las que nos enfrentamos actualmente, y los humedales pueden tener un papel especialmente relevante en este aspecto. Cuando los humedales están en buen estado de conservación pueden actuar como sumideros de carbono, secuestrando el CO2 atmosférico (junto con otros gases de efecto invernadero) y fijarlo al suelo y la vegetación que crece en ellos, una razón más para luchar por la conservación de estos ecosistemas.
El humedal de La Chanta
Durante el tiempo que la cantera estuvo activa, la planta de transformación se ubicó en cota negativa para reducir el impacto visual. En ese hueco surgió el agua y, una vez finalizada la explotación, la vida se fue abriendo paso. En los carrizales que se formaron, muchas especies de aves encontraron refugio o zonas en las que criar, y las aguas fueron colonizadas por diferentes especies de anfibios, invertebrados acuáticos y varias especies de carófitos (macroalgas).
La restauración posterior buscó conservar y potenciar los valores que ya se encontraban presentes en este humedal, lo que permitió a posteriori, que tanto el humedal principal como el adyacente y por extensión todo el perímetro de La Chanta, esté recogido dentro del Catálogo Regional de Embalses y Humedales de la Comunidad de Madrid.
¿Qué significa estar dentro de este catálogo?
Formar parte del catálogo implica que ahora, el humedal de La Chanta, es un entorno protegido. Además, como ya hemos comentado, se encuentra protegida toda la superficie que ocupaba antiguamente la explotación. Para ello, el catálogo establece 3 zonas en el espacio:
- La Zona Húmeda, formada por la superficie que ocupa la lámina de agua en su cota máxima normal y la vegetación palustre que la rodea.
- La Zona de Protección, formada por el entorno que conforma la transición entre el entorno acuático y el terrestre. En esta zona se establecen restricciones de uso y limitaciones de actividad.
- La Zona Periférica, o área de influencia de 50 metros medidos desde el nivel normal de la lámina de agua y que está considerado como suelo no urbanizable.
Además, queda recogido que no se pueden realizar actividades que afecten de manera directa o indirecta al estado de sus aguas o a sus valores ecológicos o paisajísticos sin la autorización de la Agencia de Medio Ambiente.
¿Por qué se catalogó La Chanta?
Para entrar a formar parte de este catálogo, se seleccionan humedales que tienen especial relevancia por sus valores biológicos, geológicos, hidrológicos, culturales, etc. El origen de La Chanta y las labores de restauración posteriores hicieron que esta destaque en varios de estos aspectos y han permitido que se reconozca dentro del catálogo. Estos valores son los siguientes:
Valor geológico
En la restauración se conservaron parte de los frentes de explotación, lo que ha permitido que algunas especies que requieren paredes verticales de roca hayan encontrado aquí un refugio. Estos frentes permiten ver los pliegues en la roca, fruto de múltiples procesos geológicos, por lo que se creó un mirador geológico.
Valor faunístico
Múltiples especies han hecho de La Chanta su hogar, algunas de ellas están recogidas bajo distintas figuras de protección. Además, es la única masa de agua en 15 km a la redonda, siendo muy importante para aves en migración o anfibios en busca de nuevos territorios.
Valor educativo
Gracias al Aula de Naturaleza de La Chanta y el programa educativo “Cantera de naturalistas”, buscamos poner en valor los beneficios de una restauración ecológica innovadora, ofreciendo visitas al proyecto para poder contemplar in situ el valor ecológico que se puede llegar a conseguir tras este proceso. La educación y la divulgación son algunas de las herramientas para luchar por la conservación de estos ecosistemas.
Valor hidrológico
El carácter temporal del humedal de La Chanta, favorece la proliferación de especies muy adaptadas a estos entornos cambiantes y por lo tanto, muy interesantes desde el punto de vista de la conservación.
Algunos habitantes de La Chanta
En el humedal de La Chanta podemos encontrar multitud de especies diferentes de animales y plantas que dependen del humedal, algunas de ellas recogidas bajo distintas figuras de protección.
Carófitos. Estas algas multicelulares, cuyo género más conocido es Chara, habitan aguas retenidas con cierta concentración de carbonato de calcio, ya que lo usan para formar sus paredes celulares. La importancia de estas algas reside en que crean el hábitat en el que pueden reproducirse multitud de invertebrados acuáticos, anfibios, etc. Es por ello que los hábitats que forman, están recogidos en la Directiva Hábitats como “Hábitat de interés prioritario” (hábitat 3140).
Anfibios. Este es el grupo de vertebrados más amenazados del planeta, por lo que la conservación de estas especies y sus ecosistemas es muy importante. En el humedal de La Chanta se reproducen varias especies de anfibios, entre ellas el sapillo moteado (Pelodytes punctatus) que está recogido en el CREA de Madrid bajo la categoría de vulnerable.
Odonatos. A este grupo pertenecen las libélulas y los caballitos del diablo. Su fase larvaria transcurre dentro del agua y en La Chanta, se ha citado la especie Coenagrion scitulum, recogida en el Atlas y Libro Rojo de los Invertebrados de España bajo la categoría de vulnerable.
Fuente de la imagen: Gilles San Martin from Namur, Belgium, CC BY-SA 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0>, via Wikimedia Commons.
